El escritor y promotor de la visión Quisqueya Potencia propone conectar educación, producción, emprendimiento y conservación ambiental mediante una Agenda Provincial de Desarrollo Productivo para creación de miles de empleos en la provincia de Santo Domingo.
—¿Por qué considera que la provincia Santo Domingo tiene razones para mirar el futuro con esperanza?
—Porque su mayor riqueza está en su gente. Tenemos trabajadores que comienzan antes del amanecer, mujeres que sostienen negocios y hogares, jóvenes con deseos de superación y comunidades que se organizan para avanzar. En nuestros campos, talleres, comercios y centros educativos existen capacidades que podemos conectar para generar más oportunidades.
Mi pregunta es: ¿qué ocurriría si reuniéramos esas fuerzas en un gran proyecto de desarrollo provincial? Creo que podríamos transformar el esfuerzo de nuestra gente en mejores ingresos, empleos y calidad de vida.
—¿Qué significa esa transformación desde su visión de una Quisqueya Potencia?
—Significa construir una provincia cuyos territorios se complementen: que el campo abastezca a la ciudad, las industrias transformen nuestra producción, los comercios distribuyan lo nuestro y los centros educativos preparen a las personas para participar de esa riqueza.
El desarrollo debe sentirse también en los servicios básicos, la vivienda, la educación y la seguridad. Una familia necesita ingresos, pero también una comunidad donde pueda vivir con dignidad. Por eso propongo unir las oportunidades económicas con las mejoras esenciales del entorno.
—¿Cómo comenzaría a organizar ese proyecto?
—Con una Agenda Provincial de Desarrollo Productivo, construida con ayuntamientos, legisladores, juntas municipales, Gobierno central, universidades, empresarios, cooperativas y organizaciones comunitarias.
Podemos comenzar seleccionando una iniciativa productiva y una mejora esencial de servicios por demarcación. Cada proyecto debe tener evaluación de viabilidad, responsables definidos, financiamiento identificado y metas públicas. Hay que escuchar a las comunidades y convertir sus prioridades en proyectos realizables.
—¿Qué oportunidades identifica en Santo Domingo Este y San Luis?
—Santo Domingo Este puede conectar comercio, servicios, cultura, turismo y nuevas industrias. Propongo fortalecer recorridos culturales y recreativos, centros de emprendimiento y una cadena de economía circular: hogares que separen residuos, centros de acopio que recuperen materiales y empresas que los transformen en nuevos productos.
Eso se facilita por las mejoras en el drenaje, saneamiento de cañadas y recuperación de espacios públicos que impulsa la actual administración municipal encabezada por Dio Astacio.
En San Luis, el Instituto Técnico Superior Comunitario –ITSC- ofrece una base para vincular educación y producción. Podemos promover acuerdos empresariales para prácticas remuneradas, formación técnica y acompañamiento a nuevos negocios. El joven debe encontrar una ruta entre aprender, trabajar y emprender.
—¿Cómo aprovechar las capacidades de Santo Domingo Norte y La Victoria?
—Santo Domingo Norte tiene una identidad cultural que puede generar mayores oportunidades. Las tradiciones de Villa Mella y los espacios naturales permiten organizar experiencias culturales, gastronómicas y recreativas con músicos, artesanos, cocineras, guías y comerciantes de las comunidades.
En La Victoria propongo conectar producción agropecuaria, transformación de alimentos y conservación ambiental. Cooperativas, almacenamiento, procesamiento y comercialización conjunta pueden mejorar los ingresos de los productores. El turismo de naturaleza debe desarrollarse respetando sus humedales y recursos.
—¿Qué plantea para Santo Domingo Oeste y Los Alcarrizos?
—En Santo Domingo Oeste propongo apoyar talleres, fabricantes, comerciantes y prestadores de servicios mediante centros compartidos de maquinaria, asistencia técnica y capacitación empresarial. También debemos crear las condiciones para facilitar que pequeños negocios se conviertan en proveedores de empresas mayores.
En Los Alcarrizos, las escuelas de oficios deben conectarse con empleadores y oportunidades comerciales. Quien sabe reparar, construir, coser o fabricar necesita herramientas, orientación y compradores. Ese conocimiento puede convertirse en una empresa y en bienestar familiar.
—¿Qué lugar ocupan Pantoja y Palmarejo–Villa Linda en esa visión?
—En Pantoja podemos promover negocios de mantenimiento, reparación, tecnología, comercio y atención a las personas. La capacitación cercana a los barrios y los servicios de cuidado infantil facilitarían la participación laboral de más familias.
En Palmarejo–Villa Linda propongo evaluar viveros, agricultura urbana, compostaje y emprendimientos comunitarios, junto con saneamiento y recuperación de espacios públicos. Cuando cambia la economía de un territorio, hay que ayudar a su gente a encontrar nuevas fuentes de ingresos.
—¿Qué propone para Pedro Brand, La Guáyiga y La Cuaba?
—Pedro Brand puede combinar producción, servicios y turismo de naturaleza mediante rutas comunitarias, pequeños alojamientos, gastronomía y actividades recreativas. Debemos preparar a los emprendedores y ordenar las inversiones para conservar los recursos que dan valor al territorio.
En La Guáyiga propongo evaluar espacios para pequeños parques empresariales con infraestructura compartida y apoyo a proveedores locales.
En La Cuaba podemos conectar agricultura, ganadería y ecoturismo mediante cooperativas, mercados locales y experiencias rurales educativas. Proteger sus aguas y paisajes es proteger una fuente de bienestar.
—¿Cómo pueden Boca Chica y La Caleta ampliar sus oportunidades?
—Boca Chica puede conectar turismo, logística y emprendimiento comunitario. Propongo preparar a sus jóvenes y facilitar que negocios locales abastezcan a hoteles, restaurantes y empresas. El progreso debe llegar a los comercios y a los hogares.
En La Caleta, la capacitación puede orientarse hacia oportunidades del entorno aeroportuario y turístico: idiomas, mantenimiento, transporte, alimentación y atención al visitante. También debemos incorporar a sus emprendedores en iniciativas culturales y recreativas que respeten su patrimonio.
—¿Qué papel tendrían San Antonio de Guerra y Hato Viejo?
—Guerra puede convertirse en un eje de producción y transformación de alimentos para el mercado provincial. Propongo evaluar un parque agroindustrial con procesamiento, empaque, refrigeración y distribución. Transformar los productos cerca de su origen permite conservar más valor en las comunidades.
En Hato Viejo debemos fortalecer cooperativas agropecuarias, caminos productivos y centros de acopio según las necesidades de sus habitantes. La meta es reducir pérdidas, mejorar la comercialización y facilitar que los productores participen en la transformación de lo que cultivan.
—¿Cómo sabría la población que esta agenda está dando resultados?
—Por los empleos creados, el incremento de los ingresos familiares, las empresas sostenibles y los servicios accesibles. También por el tiempo que una persona recupera para estudiar, compartir con su familia o descansar.
Esta visión debe incluir a las mujeres, las personas con discapacidad, los adultos mayores y los jóvenes que buscan su primera oportunidad. Creo en una provincia donde el lugar de nacimiento no determine hasta dónde puede llegar alguien.
—¿Cuál es su mensaje final a los habitantes de la provincia?
—Tenemos gente trabajadora, conocimientos y capacidades. Necesitamos organizarlos y conectar nuestros territorios. La esperanza crecerá cuando una familia consiga ingresos estables, un joven encuentre empleo y una comunidad vea realizarse un proyecto que ayudó a construir.
El futuro puede comenzar en cada comunidad con una misma voluntad: aprender, emprender y progresar juntos. ¡Hagamos de la provincia Santo Domingo una gran turbina que impulse una Quisqueya Potencia!
Milton Olivo
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SANTO DOMINGO, R.D.



